Las dunas de Maspalomas son mucho más que un paisaje: son un auténtico desierto dorado que besa el Atlántico, una Reserva Natural Especial que parece arrancada del norte de África y plantada milagrosamente en el sur de Gran Canaria. Si te preguntas qué ver en Maspalomas, imagina 400 hectáreas de arena rubia que cambia de forma con el viento, un palmeral de leyenda y una laguna salobre donde las aves migratorias hacen escala entre continentes.
Es el plan perfecto para quienes buscan fotos épicas, paseos descalzos por dunas vírgenes, baños en playa Maspalomas y una conexión real con la naturaleza sin renunciar a la comodidad de hoteles de cinco estrellas a tiro de piedra.
Por qué las dunas de Maspalomas son un fenómeno único
Empecemos por lo básico: este no es un capricho turístico construido para Instagram. Las dunas de Maspalomas existen gracias a un combo perfecto de geología, vientos alisios y corrientes marinas que arrastran arena desde el océano y la depositan aquí desde hace miles de años. Estás pisando un ecosistema vivo que se mueve, literalmente. Las dunas migran hasta 15 metros al año, creando ondulaciones que parecen sacadas de un cuadro surrealista.
Lo que hace especial a este rincón del sur de Maspalomas en Gran Canaria es la coexistencia de tres ecosistemas en menos de medio kilómetro: el campo dunar móvil (donde la arena fluye libre), la Charca de Maspalomas (una laguna hipersalina que es santuario de aves) y el Palmeral (un oasis con más de mil palmeras canarias). Esta trinidad natural funciona como un reloj suizo: la charca regula la humedad, el palmeral frena los vientos y las dunas protegen el litoral de la erosión.
Cómo llegar a las dunas sin complicaciones
Si vienes desde el Aeropuerto de Gran Canaria, llegar Maspalomas es fácil: tienes autobuses directos (líneas 66 y 90) que te dejan en el Faro de Maspalomas en menos de una hora. Desde allí, las dunas están a cinco minutos caminando. Si alquilas coche, toma la GC-1 hacia el sur y sal en Maspalomas o Playa del Inglés. Hay varios parkings de pago cerca del faro y del Mirador de las Dunas de Maspalomas, que es el punto más fotogénico para contemplar todo el sistema dunar desde las alturas.
Una vez en zona, moverse es pan comido. Puedes caminar por la playa Maspalomas hasta las dunas (ruta escénica de 20 minutos) o acceder directamente desde el paseo marítimo de Meloneras. Ojo: llevar calzado cómodo o ir descalzo es casi obligatorio. La arena está caliente a mediodía, así que madrugadores y atardecedores lo tienen más fácil.
La mejor hora para visitar las dunas
Aquí va un secreto: las dunas de Maspalomas cambian de personalidad según la hora. Al amanecer (entre las 7 y las 9 de la mañana), la luz rasante dibuja sombras largas sobre las crestas y la temperatura es perfecta para caminar sin sudar la gota gorda. Es el momento preferido de fotógrafos profesionales y de quienes buscan soledad. A mediodía, la arena puede alcanzar los 50 grados, así que mejor explorar con sandalias o zapatillas.
El atardecer (de 18 a 20 horas) es la hora dorada por excelencia. La luz cálida convierte las dunas en un mar de tonos naranjas y rosas, perfecto para selfies, sesiones de fotos de pareja o simplemente sentarte a contemplar cómo el sol se funde con el océano. Los fines de semana y festivos hay más gente, pero entre semana puedes tener tramos enteros de desierto para ti solo.
Qué ver en Maspalomas
Aunque las dunas se llevan todo el protagonismo, qué ver en Maspalomas incluye joyas menos conocidas. El Faro de Maspalomas, construido en 1889, es un monumento histórico que todavía funciona y tiene un centro etnográfico donde aprenderás sobre la vida en el sur de Gran Canaria antes del boom turístico. Desde su base, tienes vistas privilegiadas de las dunas y la playa.

La Charca de Maspalomas, ese espejo de agua salada que separa las dunas del mar, es un santuario para aves. Si llevas prismáticos, podrás avistar garcetas, chorlitejos y hasta cigüeñuelas. Hay senderos señalizados que bordean la laguna sin molestar a la fauna, y carteles informativos que explican el ciclo del agua y la importancia de este humedal para las especies migratorias que cruzan el Atlántico.
El Mirador Dunas Maspalomas, ubicado en el Boulevard de Meloneras, ofrece una panorámica aérea de todo el sistema. Es gratis, está abierto 24/7 y tiene bancos para sentarse a ver el espectáculo. Si visitas entre noviembre y marzo, con suerte verás ballenas y delfines nadando cerca de la costa.
Actividades que puedes hacer en las dunas de Maspalomas
Caminar descalzo por las crestas dunares es la experiencia estrella, pero hay más opciones. Los paseos en camello son un clásico turístico: salen del Palmeral y recorren las dunas en caravanas de 20 minutos. No es barato (unos 15 euros por persona), pero los niños lo adoran y las fotos quedan espectaculares.

Para los más activos, hay rutas de senderismo señalizadas que atraviesan la Reserva Natural respetando las zonas de exclusión. La ruta completa (unos 6 kilómetros ida y vuelta) te lleva desde el Faro hasta Playa del Inglés por el interior del campo dunar. Importante: solo puedes transitar por senderos marcados. Salirse de ellos está prohibido y multado, porque pisotear las dunas jóvenes rompe la costra de sal y acelera la erosión.
El surf y el bodyboard tienen su paraíso en la Punta de Maspalomas, donde las olas rompen con fuerza. La playa de Maspalomas es más tranquila, ideal para familias con niños pequeños. Si te apetece algo diferente, hay rutas de ciclismo por el Paseo de las Meloneras y empresas que alquilan kayaks para explorar la costa desde el agua.
Normas de oro para proteger las dunas
Aquí viene la parte seria: las dunas de Maspalomas son una Reserva Natural Especial, lo que significa que hay reglas estrictas. Nada de torres de piedra (esos montículos de guijarros apilados que la gente hace para las redes sociales). Pueden parecer inofensivos, pero alteran el flujo de arena y dejan cicatrices en el paisaje que tardan años en borrarse. Las multas por hacerlos rondan los 3.000 euros.
Tampoco se puede acampar, encender fuego ni dejar basura. Llevar tu propia agua y snacks está bien, pero los restos tienen que volver contigo. Las zonas de baño nudista están permitidas en ciertas áreas de la playa, pero la Charca de Maspalomas y el Palmeral están protegidos: mirar sí, tocar no.

Los perros deben ir con correa en todo momento y recoge siempre sus excrementos. Volar drones sobre la Reserva está prohibido sin permiso especial. Si quieres hacer una sesión fotográfica profesional o grabar vídeo comercial, necesitas autorización del Cabildo de Gran Canaria.
La Charca de Maspalomas
La Charca de Maspalomas es ese pedazo de laguna que ves al llegar al Faro. No es un adorno: es un ecosistema crítico que filtra agua del subsuelo y crea un microclima que mantiene vivo el Palmeral. Su profundidad varía con las mareas y las lluvias, y en verano casi desaparece, pero siempre vuelve.

Aquí se refugian garcillas bueyeras, agujas colinegras y hasta flamencos en temporada migratoria. Hay un observatorio de aves en el lado norte, con paneles explicativos y telescopios gratuitos. El mejor momento para avistar fauna es al amanecer, cuando las aves están más activas. Respeta las vallas: están ahí para evitar que el tránsito humano espante a las especies.
La Charca también tiene un papel didáctico. Es parada obligatoria para colegios canarios que estudian ecología marina y conservación. Si viajas con niños, aprovecha las rutas interpretativas autoguiadas con códigos QR que explican cómo funciona el ciclo del agua salobre y por qué es vital para las dunas.
Dónde comer cerca de las dunas
Después de unas horas de arena y sol, el hambre aprieta. La zona de Meloneras tiene restaurantes para todos los bolsillos. Si buscas algo informal, los chiringuitos de playa de Maspalomas sirven pescado fresco a la plancha, papas arrugadas con mojo y cerveza fría con vistas al océano. Precios razonables y raciones generosas.
Para cenas más elaboradas, el Paseo de las Meloneras concentra opciones internacionales: italiana, japonesa, argentina. Destacan restaurantes como Qué Tal by Stena (cocina canaria moderna) y Amura (pescados y arroces con estrella Michelin en el radar). Si prefieres un ambiente más relajado, Playa del Inglés tiene decenas de terrazas y bares de tapas.
Un consejo: reserva mesa si vas en temporada alta (de noviembre a abril). Los restaurantes con vistas al Mirador Dunas Maspalomas se llenan rápido, especialmente los fines de semana. Y si eres celíaco o vegetariano, la mayoría de locales tienen opciones adaptadas.
Hoteles y alojamiento en la zona
Maspalomas en Gran Canaria es un destino maduro, con oferta hotelera para todos los presupuestos. Los resorts de cinco estrellas como el Seaside Grand Hotel Residencia o el Lopesan Baobab Resort ofrecen lujo frente al mar, piscinas infinitas y spas de primera. Si buscas algo más familiar, los Dunas Hotels tienen varias opciones con bungalows rodeados de jardines tropicales, ideales para estancias largas.
Para presupuestos ajustados, Playa del Inglés tiene apartamentos turísticos a buen precio, muchos con cocina equipada. La ventaja es que estás a 10 minutos caminando de las dunas y tienes supermercados cerca. También hay hostales y pensiones en San Agustín, un pueblo tranquilo a 5 kilómetros de Maspalomas, perfecto si quieres alejarte del bullicio turístico.
Si viajas entre mayo y septiembre, los precios bajan bastante. El clima sigue siendo excelente (pocas lluvias, temperaturas entre 22 y 28 grados) y las dunas están igual de espectaculares, pero con menos gente. Reservar con antelación siempre te da mejores tarifas y más opciones.
El Palmeral de Maspalomas
El Palmeral de Maspalomas es una reliquia botánica. Más de mil palmeras canarias (Phoenix canariensis) crecen aquí gracias al agua subterránea que aflora cerca de la Charca. Es un jardín natural que ha sobrevivido al desarrollo urbanístico y que hoy está protegido por ley.

Pasear por el Palmeral es como entrar en un túnel verde. Hay senderos sombreados, bancos para descansar y hasta un pequeño jardín de cactus y suculentas. Es el lugar perfecto para escapar del sol a mediodía o hacer una pausa entre playa y dunas. Algunos hoteles históricos, como el Seaside Palm Beach, se construyeron rodeando el palmeral, integrándolo en sus jardines.
Aquí también sale el paseo en dromedario. Los animales están bien cuidados, tienen veterinario propio y descansan varias horas al día. Si te preocupa el bienestar animal, las empresas locales cumplen normativas estrictas de la UE sobre turismo con fauna.
Historia y patrimonio del sur de Gran Canaria
El Faro de Maspalomas no es solo un faro: es un símbolo. Se inauguró en 1890 para guiar a los barcos que cruzaban entre Europa y América. Tiene 55 metros de altura, está construido con piedra de sillería y su luz alcanza las 19 millas náuticas. Hoy alberga un pequeño museo que narra la historia del turismo en Gran Canaria y la vida de los faroleros que lo habitaron durante décadas.
Cerca de Meloneras, en el Paseo Costero, hay vestigios arqueológicos del yacimiento de Punta Mujeres, un asentamiento aborigen canario. Aunque no es visitable en su totalidad, hay paneles informativos que explican cómo vivían los antiguos canarios en esta zona costera, con cuevas de habitación y zonas de pesca.

El patrimonio cultural del sur incluye también las Salinas de Tenefé, a pocos kilómetros de Maspalomas. Son salinas tradicionales que todavía producen sal marina artesanal. Puedes visitarlas (hay visitas guiadas) y comprar sal gourmet directamente del productor.
Eventos y vida nocturna en Maspalomas
Maspalomas en Gran Canaria no duerme. Playa del Inglés es el epicentro del ocio nocturno, con discotecas, pubs y karaokes que abren hasta el amanecer. Yumbo Centre es el corazón de la escena LGTBIQ+, con bares temáticos, drag shows y fiestas que atraen a público internacional. En invierno, el evento Winterpride llena las calles de color y música durante una semana entera.
Si prefieres planes más tranquilos, Meloneras tiene bares de copas con terraza, música en vivo y vistas al mar. Hay conciertos gratuitos en verano en el Auditorio de Maspalomas, desde jazz hasta música clásica. Y si coincides con las fiestas del Carmen (julio) o la romería de la Virgen de la Cuevita (septiembre), verás procesiones marineras y romerías con trajes tradicionales canarios.
Para los niños, el Aqualand Maspalomas y el Holiday World (parque de atracciones junto al Faro) son visitas clásicas. Tienen toboganes, montañas rusas y noria panorámica con vistas a las dunas. Ideales para una tarde en familia si las dunas no acaban de convencer a los más pequeños.
Conservación y futuro de las dunas
Las dunas de Maspalomas enfrentan amenazas constantes: la presión turística, el cambio climático (que altera los vientos alisios) y la urbanización. El proyecto Masdunas, liderado por científicos de la Universidad de Las Palmas, estudia la dinámica sedimentaria y propone medidas para frenar la pérdida de arena.
Una de las iniciativas más exitosas es la señalización de senderos. Al canalizar el tránsito de visitantes por rutas fijas, se evita que las dunas jóvenes (esas que aún no tienen vegetación fijadora) se deshagan bajo miles de pisadas. También se han instalado pasarelas de madera en algunas zonas para proteger la flora más sensible.
Los voluntarios de asociaciones locales organizan limpiezas de playa mensuales. Si te apetece participar, suelen anunciarse en redes sociales. Es una forma de devolver algo al lugar que disfrutas y conocer a gente comprometida con la conservación.
El futuro de las dunas de Maspalomas depende de nosotros. Cada visitante que respeta las normas, recoge su basura y educa a otros está contribuyendo a que este desierto dorado siga vivo para las próximas generaciones. No es romanticismo: es pura lógica ambiental.
Consejos prácticos para tu visita a las dunas de Maspalomas
Lleva agua, crema solar de alta protección y gorra. El sol canario no perdona, incluso en invierno. Si vas a caminar por las dunas, una mochila pequeña con algo de comida te vendrá bien, porque una vez dentro del campo dunar no hay servicios hasta que vuelvas a la costa.
Los prismáticos son un plus si te interesa la fauna. Desde el Mirador Dunas de Maspalomas o el observatorio de la Charca podrás ver aves que de otra forma pasarían desapercibidas. Y si eres de los que les gusta madrugar, un termo de café para ver el amanecer desde la cresta de una duna mayor te regalará uno de esos momentos que justifican el viaje entero.

Respeta las señales, no salgas de los senderos marcados y, por favor, no hagas torres de piedra. Ya hay suficientes montoncitos rompiendo la estética del lugar. Si ves a alguien haciéndolos, explícale amablemente por qué no debe. La educación ambiental empieza por pequeños gestos.
Las dunas de Maspalomas no son un decorado: son un ecosistema complejo, frágil y extraordinariamente bello que ha sobrevivido milenios de vientos, mareas y ahora también de turistas. Tratarlo con respeto no es una opción, es una obligación moral. Porque cuando vuelvas a casa con tu cámara llena de fotos y la piel salada por el Atlántico, querrás que otras personas puedan vivir la misma experiencia dentro de diez, veinte o cien años.
Este pequeño Sáhara canario es un regalo del planeta. Disfrútalo, cuídalo y llévate solo recuerdos. Las huellas que dejes en la arena, que se las lleve el viento.
Qué hacer en Maspalomas

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En 2016 dejamos nuestra monótona vida y comenzamos a perseguir cascadas, atardeceres y vistas de todo el mundo. En este blog, compartimos historias y consejos de viajes favoritos.
Queremos que todo el mundo pueda viajar a donde quiera, tan a menudo como quiera.